
sábado, 16 de octubre de 2010
El planeta se muere...

viernes, 9 de octubre de 2009
Programa Agro Ingreso Seguro ha beneficiado a hijos de políticos y reinas de belleza

De los 376 proyectos presentados este año para repartir 72.500 millones de pesos en subsidios, solo 100 fueron favorecidos, uno de ellos para "riego y drenaje" por 306 millones de pesos cuya afortunada beneficiaria fue Domínguez. Pero ella no es la única reina y modelo premiada. También Ana María Dávila, Reina Nacional del Mar
Curiosamente, las dos reinas tienen el mismo comisionista de bolsa, Juan Manuel Dávila Fernández de Soto, que es novio de Valerie y hermano de Ana María, y quien además recibió un subsidio por más de 435 millones de pesos para lo mismo: riego y drenaje. Todo indica que la familia Dávila es una de las grandes beneficiadas del drenaje y la irrigación de los recursos públicos, pues el padre Juan Manuel Dávila Jimeno recibió un subsidio de 445 millones, y su esposa María Clara Fernández otro por 440 millones. En total, la familia Dávila, una de las más ricas e influyentes de Santa Marta, recibió en el último año más de 2.200 millones de pesos en subsidios para "riego y drenaje" en Algarrobo, Magdalena. "Lo de los Dávila es una vergüenza -dice un consultor que conoce el programa-. ¿Cómo le regalan plata de todos los colombianos a una de las familias más poderosas de Magdalena? Es inaudito".
Hoy por mí...
Acceder a un subsidio del programa Agro Ingreso Seguro es como ganarse la lotería, pero durante la gestión de Andrés Felipe Arias, hoy precandidato conservador, buen número de los que recibieron subsidios no reembolsables son grandes empresarios del campo y familias millonarias con gran influencia política regional.
Además de los Dávila, en la lista de los afortunados están los Vives Lacouture, algunos de cuyos miembros han desempeñado cargos públicos y de elección popular, como Luis Eduardo, elegido para el Congreso en el periodo 2006-2010, condenado en 2008 en el proceso de la 'parapolítica', y quien hoy goza de libertad condicional. Los Vives Lacouture desarrollan la mayoría de sus proyectos agrícolas en la zona bananera y han recibido subsidios por más de 5.000 millones de pesos. "Ellos apoyaron al presidente Uribe en las campañas políticas y con esos subsidios les pagaron el apoyo", le dijo a CAMBIO un político de Magdalena que pidió reserva de su nombre.
Los Lacouture Dangond y Lacouture Pinedo, familiares entre sí y con miembros en altas posiciones del Gobierno, como María Claudia Lacouture, cabeza del programa Colombia es Pasión, también han recibido subsidios por 5.235 millones de pesos para actividades de "riego y drenaje": 2.829 millones en 2007 y 2.406 millones en 2008. En cabeza de los Vives Pinedo, socios de los Lacouture en empresas como FMP & Cía., figuran subsidios por cerca de 1.000 millones de pesos en 2007.
Las sorpresas no paran. Los Dávila Abondano, influyente clan de Magdalena y cabeza del Grupo Daabon, importante comercializador de productos orgánicos e ingresos por 120 millones de dólares al año en Colombia, figuran como beneficiarios de un subsidio por 463 millones de pesos en 2008, y de otros dos por 440 millones que en próximos días serán desembolsados.
Si en
Queda aún mucha 'tela por cortar' y surgen demasiadas dudas sobre si los millonarios subsidios no reembolsables del programa del Ministerio de Agricultura terminaron en los bolsillos equivocados.
"Ellos ganaron en franca lid"
Julián Alfredo Gómez Díaz,
director de Agro Ingreso Seguro
CAMBIO. ¿Por qué familias influyentes y grandes empresarios agrícolas terminaron beneficiados con subsidios millonarios no reembolsables?
Julián Alfredo Gómez. No desconozco que esto haya sucedido pero es claro que participaron en igualdad de condiciones con los demás aspirantes y cumplieron con todos los requisitos y criterios de evaluación técnica, ambiental, financiera y productiva.
No tiene presentación que subsidios destinados supuestamente a reducir la desigualdad en el campo hayan terminado en las manos de los más ricos...
Las reglas son generales y ellos se ajustaron a esas reglas y a todas las exigencias, y ganaron en franca lid. Las normas no lo prohíben, cualquier persona puede presentarse y obtener esos recursos. Pero puedo decirle es que hemos cambiado las reglas de juego para que quien haya obtenido recursos no pueda presentarse al año siguiente.
A partir de este año, porque en años anteriores no ha sido así.
Sí, eso es claro. A partir de este año establecimos esa regla.
Queda la sensación que hasta ahora ha primado el criterio político...
El programa tiene cero influencia política, priman los requisitos técnicos.
Otros beneficiados
- Familia Tribín, zona bananera, 2.140 millones
- Familia Riveros Páez, Meta, 2.000 millones
- Familia Vives , zona bananera, 1.610 millones
- Familia Fernández de Castro, zona bananera, 1.413 millones.
- Familia Posada Grillo, Valle, 1.037 millones
- Familia Cuello,
martes, 8 de abril de 2008
Debate libertario: SOBRE LA AUTOGESTION
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Guillen era un anarquista convencido de la viabilidad del proyecto económico libertario. Comenzó su militancia en las filas de la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias desde muy joven (1920’s), luego pasó, con bastante gloria, por la CNT y la FAI. Siendo combatiente veterano de la guerra civil española y tras estar preso varios años en las cloacas de la dictadura franquista, Guillen hace su paso, en condición de exiliado, por varios países de Sur América, nutriendo sus ideas de algunas experiencias cooperativas y comunalistas que conoció en nuestro continente.
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Esperamos que esta lectura aporte a la batalla de las ideas,
Práctico y pluralista
En este voluminoso trabajo, Abraham Guillén desmenuza con cuidado los mecanismos y las teorías económicas de su tiempo para mostrar sus mentiras desde el punto de vista de la justicia social y la igualdad. Sus observaciones no dejan nunca de señalar con el dedo a la economía capitalista pero también a la economía de Estado, enfrentando cada tipo de organización con sus propios límites o contradicciones, puesto que éstos se apoyan siempre en las injusticias y la aparición, según las distintas áreas económicas, de una clase capitalista o tecnoburocrática que se apropia de las plusvalías generadas por el mundo trabajador. Para liberarse de estos poderes y de la alienación de los productores por la mercancía (dinero, objeto), hay que asociar con pragmatismo el pensamiento crítico con “la praxis” autogestionaria: “En la “praxis” se revela la realidad económica, el reparto desigual de la riqueza según los grupos privilegiados, la división del trabajo entre dirigentes y dirigidos, la servidumbre del obrero en su trabajo enajenado al capital privado o de Estado.” (pp. 340-341). Pero no es cuestión de someterse a teorías económicas rígidas: “Hay que conocer las leyes objetivas de la ciencia económica sin divinizarlas, sin alienarse en ellas, y tomarlas como conceptos puros del entendimiento humano para justificar regímenes económicos anacrónicos […].” (p. 152).
Con esta perspectiva abierta, afirma la necesidad de que la organización económica libertaria sea plural, como un medio y como un fin: “Debe haber plena libertad de ensayo económico (empresas mixtas, municipales, cooperativas, mutuales y autogestionarias) sin estalinismo, monopolios ni elitismo.” (p. 201). Como origen de desigualdades, Abraham Guillén insiste en la división del trabajo entre trabajadores manuales e intelectuales. El socialismo autogestionario libertario debe remediarlo radicalmente: “La participación creciente de los trabajadores en la gestión de sus empresas, siendo todos capaces de hacer todo, es la condición esencial del socialismo autogestionario. Sólo así todos participarían por igual en la gestión y la distribución del excedente económico, producto de un trabajo común y en igualdad de condiciones para todos […].” (p. 395).
La trayectoria de este teórico de la autogestión le llevó a conocer, siendo muy joven, las colectivizaciones españolas, y más tarde el sector cooperativista de Perú, al tiempo que trabajaba como experto para Naciones Unidas. Sus estudios unidos a sus experiencias personales han alimentado su reflexión. Sin duda, esto le ayudó a concebir modos originales de organización autogestionaria. Por otra parte, a diferencia de los anarcosindicalistas, para quienes la organización sindical es la columna vertebral de la organización social o económica autogestionaria, hay que señalar que Guillén no atribuye ningún papel preponderante a los sindicatos.
Parte de la idea de que la autogestión generalizada es también una investigación en la acción: “En los primeros tiempos de un nuevo régimen de democracia libertaria, de economía autogestionaria, habrá que tener muy en cuenta la prueba y el error, la experiencia histórica, para no ideologizar el saber, para no caer en dogmas más cerca de la metafísica que de la realidad cotidiana. En este orden de ideas experimentales, de verificación de programas y de resultados de planes, los autogestores tendrán que ser muy autocríticos, pensando que lo que ayer era positivo mañana puede ser negativo, ya que habría cambios cuantitativos, hacia delante o hacia atrás, lo cual determinaría cambios cualitativos.” (p. 285).
La organización social y local
Guillén describe una organización social bastante completa e incluso presenta algunas perspectivas: “En su calidad de autogestores, los trabajadores liberados de la dictadura del capital privado o de Estado, deben participar en la gestión de sus empresas y en el reparto del excedente económico obtenido en ellas por su trabajo asociado; participar en la toma de decisiones de la actividad económica de las empresas autogestionadas; definir la política económica de la empresa de propiedad social, a fin de que sea asegurado su continuo progreso económico, tecnológico, cultural, social, educativo e informativo; dirigirse los autogestores a los órganos del autogobierno empresarial con justas peticiones a las cuales éstos están obligados a responder practicando la democracia directa sin trámites burocráticos” (p. 390). “Los trabajadores de la empresa de propiedad social autogestionada deben tener acceso a sus decisiones fundamentales: cálculo de los gastos de producción; precios; plan de cuentas; informes periódicos; convenios y contratos de todo tipo; decidir sobre la elección de candidatos al consejo autogestor; votar el reglamento de derechos y deberes de los trabajadores; informarse sobre gastos y recursos; concertar créditos; vincularse con otras empresas y organismos; considerar el saldo de resultados económicos mensual, trimestral y anualmente; apercibirse de los planes económicos a corto, mediano y largo plazo.” (p. 391).
El consejo obrero de la empresa autogestionada es “el Autopoder supremo de la empresa”, elegido democráticamente. Sus miembros son revocables y se eligen por dos años, no pudiéndoseles renovar hasta después de otros dos años más (p. 391). “El consejo autocrático de la sociedad anónima capitalista será sustituido por un Consejo Obrero Autogestor de Empresa; y la asamblea de accionistas, por la asamblea de productores directos, eligiendo, por voto directo y secreto, a sus consejeros autogestores rotatorios y renovables.” (p. 317).
Aunque no se pronuncia sobre la cuestión del autogobierno municipal, Guillén defiende concepciones interesantes respecto de un tema actual, la “relocalización”: “Si los agricultores estuvieran agrupados en combinados agro-industriales autogestionados, incluyendo en su sistema la producción de elementos primarios, su transformación en productos industrializados y su distribución en el mercado, asociando así el capital agrícola, el industrial y el mercantil, sin falsos intermediarios, la producción llegaría al mercado con la menor diferencia posible entre el costo de producción y el precio de venta, para beneficiar, con precios baratos, a toda la sociedad, como hicieron en su mercado socialista libertario las colectividades anarquistas españolas durante la revolución de 1936-1939.” (p. 235). Adquieren valor los recursos locales: “Por ejemplo, en comunidades autogestionarias locales, integradas comarcalmente, de acuerdo con el entorno económico, ecológico y demográfico, se pueden crear complejos autogestionarios constituidos por la integración de la agricultura, la industria agro-alimentaria y de transformación de materias primas (agrícolas, animales, forestales, pesqueras), utilizando para ello fuentes de energía locales: biomasa, carbón mineral, vegetal o turba, energía solar, eólica, metano y alcohol de la biomasa, a fin de tener una empresa autosuficiente o, por lo menos, no tan dependiente de sus materias primas y fuentes de energía como la mercantilizada empresa capitalista, dependiente de la mercancía.” (p. 121).
Autogestión y mercado
Para este enemigo del fetichismo materialista mercantil, deben darse las leyes de cooperación entre colectividades al mismo tiempo que se establece un sistema de valores de cambio. Se trataría del valor trabajo y del valor de uso, por oposición al valor comercial que integra la plusvalía capitalista: “En el socialismo autogestionario (con democracia directa en los escalones de la comuna, el auto-gobierno regional y el co-gobierno federal) ningún grupo autogestor de trabajo cambiaría el trabajo de un año por el de seis meses, sino un valor de uso por otro valor de uso del mismo valor-trabajo, de modo que el cambio no produzca injusticia distributiva, creando así clases parasitarias, burocracias y Estado caro y malo. […] En cualquier producto del trabajo humano –independientemente del modo de producción histórico- hay un valor de cambio y un valor de uso, pero una sociedad autogestionaria se identifica con el valor de uso, desbordando el valor de cambio. Pues, para que cada uno aporte según su capacidad y reciba según su necesidad, fórmula de la distribución comunista, debe haber al menos cierta abundancia de bienes y servicios, una moral de consumo y un reparto equitativo, independientemente de las capacidades y las cualidades del trabajo individual para que haya igualdad económica entre los hombres, sin la cual no hay libertad.” (p. 123).
La riqueza producida deberá ser superior a las necesidades de las empresas, creando así un capital social gestionado colectivamente con el fin de aumentar la productividad y liberando al trabajador de sus tareas, pero también permitiendo la investigación y el desarrollo, la educación, el ocio, la cultura, etc. El objetivo es, en definitiva, provocar un “decrecimiento de los precios” –gracias a un valor de cambio estable y no especulativo-, un “decrecimiento del tiempo de trabajo” –por la mejora técnica del rendimiento financiada por el aumento del “capital social”-.
El autor anticapitalista evoca el mercado: “Con socialismo de autogestión, la planificación nacional es programática, indicativa, pues deja las decisiones básicas a las empresas autogestoras que saben lo que necesita el mercado socialista, en cantidad y calidad, en precios competitivos […]. El socialismo libertario no tiene necesidad de planificación centralizada, sino de un socialismo de mercado, de la competencia entre grupos colectivos de trabajo, de la democracia directa en las empresas por medio de los consejos autogestores.” (p. 135). Este concepto del mercado se usa aquí sin ambigüedades en cuanto a las intenciones: “[…] el único sistema socio-económico que puede hacer cumplir la ley del valor-trabajo en los intercambios, dentro de un mercado socialista (libre de mercachifles, de agiotistas monetarios y bursátiles, de capitalistas que consumen mucho y producen poco), es la economía autogestionaria (en las empresas, explotaciones agro-industriales, servicios, talleres y fábricas) y la democracia directa (en la política).” (p. 201).
Las estrategias
Y A. Guillén cambia el paso; considera y argumenta a favor de ¡una competencia entre la economía autogestionaria y las economías capitalistas o de Estado! Y desarrolla su idea: “Una economía autogestionaria debe ser competitiva, desafiante e imbatible en el mercado mundial; pero no sólo porque sus protagonistas auto-organizados hagan sacrificios económicos en el sentido de consumir poco e invertir mucho, sino más bien por ponerse a trabajar todos útilmente; reducir la burocracia al mínimo; elevar la fuerza de trabajo productivo al máximo; abolir las clases parasitarias e invertir inmediatamente sus rentas, que eran improductivas, en inversiones productivas; y no olvidar que la investigación científica y la educación generalizada son grandes fuerzas productivas para el desarrollo de la sociedad libertaria.” (p. 261). Rechaza la idea de que la revolución será simultáneamente en todo el mundo, pero muestra también que si este modelo de desarrollo no convence, tampoco habrá otras regiones del mundo que se unan a esta idea de abolir el capitalismo: “En consecuencia, si el crecimiento económico y el progreso tecnológico y cultural no son mayores con una economía autogestionaria que con una economía burguesa o burocrática, se estará en el reino de las ideologías, pero no de las realidades económicas. Pero si todo un pueblo autogestionario trabaja, investiga, consume prudentemente e invierte mucho para progresar más, si desaburguesa y desburocratiza la economía, competirá con ventaja en el mercado mundial y, a mediano plazo, se colocará a la vanguardia del progreso internacional, encarnando así el protagonismo de la historia universal.” (p. 261). Y el economista libertario no quiere mentir; afirma que el desarrollo autogestionado sería cuestionado en su vocación misma si no permitiera el acceso a un modo de vida envidiable en comparación con otras economías de mercado: “Queramos o no hay que ser desarrollistas en el buen sentido; pero no aumentar la producción por la producción misma; […] pues la humanidad no quiere perder fuerzas productivas, nivel de vida y bienestar adquiridos, cambiando de régimen.” (p. 394).
Si bien no escapa a ciertas imperfecciones líricas, cientificistas o economicistas que conviene tomar con precaución, Abraham Guillén nos ha legado, sobre todo, una serie de pensamientos y tomas de posición dignas de interés y capaces de enriquecer nuestras propias reflexiones sobre el camino hacia la autogestión libertaria. Hay que lamentar que este pensador de la autogestión sea tan poco conocido, y con él, su obra.
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(1) “Habríamos dejado atrás, pues, la autogestión. Pero ciertas cuestiones que la autogestión ha planteado bien pudieran afectarnos en el presente.” Autogestion, la dernière utopie?, Éditions la Sorbonne, 2003, p. 9.
(2) Léase L’autogestion libertaire, Editions du Monde Libertaire, 2006.
(3) “Los instrumentos de trabajo, así como la tierra, serán propiedad de la comunidad, no pudiendo ser utilizados más que por los trabajadores, y éstos, agrupados en asociaciones industriales y agrícolas, serán remunerados según su trabajo.” Miguel Bakunin, Programa de la Alianza Internacional de la Democracia Socialista.
(4) Aunque Daniel Guérin permanece como una referencia, citemos sin embargo a Georges Gurvitch y Jean Bancal cuyos escritos o investigaciones sobre la autogestión libertaria son bastante poco accesibles.
(5) Se trata de Economía autogestionaria. Las bases del desarrollo económico de la sociedad libertaria, 504 páginas, editado por la Fundación Anselmo Lorenzo. No se citan aquí más que las ideas más significativas del autor (especificando entre paréntesis la página de donde se extraen y respetando las cursivas del original); la lectura del libro resulta pues imprescindible.
domingo, 16 de marzo de 2008
El lavado de cerebros en libertad es más eficaz que en las dictaduras

El escritor Noam Chomsky de los EEUU habla de los mecanismos detrás de la comunicación moderna, un instrumento esencial de gobierno en los países democráticos, tan importantes para nuestros gobiernos como la propaganda es a una dictadura.
Vivimos en este mundo, no en un universo imaginario. En este mundo existen instituciones tiránicas, esas son las grandes empresas. Es lo que hay más cercano a las instituciones totalitarias. Estas no tienen, por decirlo así que rendirle cuentas al público, a la sociedad; actúan a la manera de depredadoras cuyas presas serían otras empresas. Para defenderse de ellas, las poblaciones sólo tienen un instrumento: el Estado. Ahora bien, este no es un escudo muy eficaz, pues, en general, está estrechamente ligado a los depredadores. Con una diferencia no desdeñable: mientras que, por ejemplo, General Electric no tiene que rendir cuentas, el Estado debe a veces explicarse ante la población.