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sábado, 16 de octubre de 2010

El planeta se muere...



Nos impacta ver esta imagen... Como es que nos están avisando que estamos en peligro de extinción, y que tenemos un plazo de 20 años para cambiar el modo de producir/consumir de nuestras sociedades, y a nadie se le da nada?

Señores! Es en serio! Es que nos morimos todos de sed y de hambre!!!

A quien carajos le importa si Yovanny Arrechea espera marcar con Millonarios??? O si son legales las luces de alta intensidad en los vehículos??? Que si había un baile racista en mississippi???

Aqui esta la prueba de la decadencia de las sociedades capitalistas. La prensa, el publico y el poder. La prensa le informa al publico que nos vamos a extinguir si no cambiamos nuestro modo de vida complaciente del poder. Pero al poder le conviene, y el publico esta comodo...

Pues que mas da... Nos morimos todos... No digan después que no les advertimos...

viernes, 9 de octubre de 2009

Programa Agro Ingreso Seguro ha beneficiado a hijos de políticos y reinas de belleza



Este gobierno ya no tiene vergüenza, es el gobierno de los más ricos, para ellos son nuestros impuestos. Esta noticia nos indigna y nos da más ganas de luchar y acabar con estas injusticias de mierda. Les dejamos este artículo de cambio, fuente poco revolucionaria, pero que muestra muy bien todo este proceso...


La Señorita Colombia 2005, Valerie Domínguez, modelo, actriz y diseñadora de joyas, figura como beneficiaria de un millonario subsidio no reembolsable de Agro Ingreso Seguro, el programa del Gobierno que tiene entre sus objetivos principales "promover la productividad y competitividad, reducir la desigualdad en el campo y preparar al sector agropecuario para enfrentar el reto de la internacionalización de la economía".


De los 376 proyectos presentados este año para repartir 72.500 millones de pesos en subsidios, solo 100 fueron favorecidos, uno de ellos para "riego y drenaje" por 306 millones de pesos cuya afortunada beneficiaria fue Domínguez. Pero ella no es la única reina y modelo premiada. También Ana María Dávila, Reina Nacional del Mar 1999, a quien el año pasado le giraron del programa Agro Ingreso Seguro 448 millones de pesos también para "riego y drenaje".


Curiosamente, las dos reinas tienen el mismo comisionista de bolsa, Juan Manuel Dávila Fernández de Soto, que es novio de Valerie y hermano de Ana María, y quien además recibió un subsidio por más de 435 millones de pesos para lo mismo: riego y drenaje. Todo indica que la familia Dávila es una de las grandes beneficiadas del drenaje y la irrigación de los recursos públicos, pues el padre Juan Manuel Dávila Jimeno recibió un subsidio de 445 millones, y su esposa María Clara Fernández otro por 440 millones. En total, la familia Dávila, una de las más ricas e influyentes de Santa Marta, recibió en el último año más de 2.200 millones de pesos en subsidios para "riego y drenaje" en Algarrobo, Magdalena. "Lo de los Dávila es una vergüenza -dice un consultor que conoce el programa-. ¿Cómo le regalan plata de todos los colombianos a una de las familias más poderosas de Magdalena? Es inaudito".


Hoy por mí...


Acceder a un subsidio del programa Agro Ingreso Seguro es como ganarse la lotería, pero durante la gestión de Andrés Felipe Arias, hoy precandidato conservador, buen número de los que recibieron subsidios no reembolsables son grandes empresarios del campo y familias millonarias con gran influencia política regional.


Además de los Dávila, en la lista de los afortunados están los Vives Lacouture, algunos de cuyos miembros han desempeñado cargos públicos y de elección popular, como Luis Eduardo, elegido para el Congreso en el periodo 2006-2010, condenado en 2008 en el proceso de la 'parapolítica', y quien hoy goza de libertad condicional. Los Vives Lacouture desarrollan la mayoría de sus proyectos agrícolas en la zona bananera y han recibido subsidios por más de 5.000 millones de pesos. "Ellos apoyaron al presidente Uribe en las campañas políticas y con esos subsidios les pagaron el apoyo", le dijo a CAMBIO un político de Magdalena que pidió reserva de su nombre.


Los Lacouture Dangond y Lacouture Pinedo, familiares entre sí y con miembros en altas posiciones del Gobierno, como María Claudia Lacouture, cabeza del programa Colombia es Pasión, también han recibido subsidios por 5.235 millones de pesos para actividades de "riego y drenaje": 2.829 millones en 2007 y 2.406 millones en 2008. En cabeza de los Vives Pinedo, socios de los Lacouture en empresas como FMP & Cía., figuran subsidios por cerca de 1.000 millones de pesos en 2007.


Las sorpresas no paran. Los Dávila Abondano, influyente clan de Magdalena y cabeza del Grupo Daabon, importante comercializador de productos orgánicos e ingresos por 120 millones de dólares al año en Colombia, figuran como beneficiarios de un subsidio por 463 millones de pesos en 2008, y de otros dos por 440 millones que en próximos días serán desembolsados.


Si en la Costa llueve, en el Valle no escampa. Este año aparece un subsidio adjudicado a María Mercedes Sardi de Holguín, prima del ex ministro del Interior Carlos Holguín Sardi, por 200 millones de pesos para un programa de riego y drenaje. Consultado el ex ministro Holguín, aseguró: "Ellos de agricultura, pocón". Y no puede dejar de mencionarse el caso del abogado Danny Alirio Villamizar, hijo del senador Alirio Villamizar -detenido por el escándalo de las notarías-, a quien Agro Ingreso Seguro le giró 496 millones de pesos el año pasado, no reembolsables y libres de impuestos, gracias a una ley que fue iniciativa de su padre.


Queda aún mucha 'tela por cortar' y surgen demasiadas dudas sobre si los millonarios subsidios no reembolsables del programa del Ministerio de Agricultura terminaron en los bolsillos equivocados.


"Ellos ganaron en franca lid"
Julián Alfredo Gómez Díaz,
director de Agro Ingreso Seguro


CAMBIO. ¿Por qué familias influyentes y grandes empresarios agrícolas terminaron beneficiados con subsidios millonarios no reembolsables?


Julián Alfredo Gómez. No desconozco que esto haya sucedido pero es claro que participaron en igualdad de condiciones con los demás aspirantes y cumplieron con todos los requisitos y criterios de evaluación técnica, ambiental, financiera y productiva.


No tiene presentación que subsidios destinados supuestamente a reducir la desigualdad en el campo hayan terminado en las manos de los más ricos...


Las reglas son generales y ellos se ajustaron a esas reglas y a todas las exigencias, y ganaron en franca lid. Las normas no lo prohíben, cualquier persona puede presentarse y obtener esos recursos. Pero puedo decirle es que hemos cambiado las reglas de juego para que quien haya obtenido recursos no pueda presentarse al año siguiente.


A partir de este año, porque en años anteriores no ha sido así.


Sí, eso es claro. A partir de este año establecimos esa regla.


Queda la sensación que hasta ahora ha primado el criterio político...


El programa tiene cero influencia política, priman los requisitos técnicos.


Otros beneficiados


- Familia Tribín, zona bananera, 2.140 millones
- Familia Riveros Páez, Meta, 2.000 millones
- Familia Vives , zona bananera, 1.610 millones
- Familia Fernández de Castro, zona bananera, 1.413 millones.
- Familia Posada Grillo, Valle, 1.037 millones
- Familia Cuello, La Guajira, 629 millones


martes, 8 de abril de 2008

Debate libertario: SOBRE LA AUTOGESTION

Para continuar con otro tema el debate en torno a una nueva sociedad libertaria, hemos escogido este artículo que expone las ideas de un importante ideólogo libertario, el español Abraham Guillen, frente a la economía autogestionaria y las propuestas alternativas al mercado capitalista.
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Guillen era un anarquista convencido de la viabilidad del proyecto económico libertario. Comenzó su militancia en las filas de la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias desde muy joven (1920’s), luego pasó, con bastante gloria, por la CNT y la FAI. Siendo combatiente veterano de la guerra civil española y tras estar preso varios años en las cloacas de la dictadura franquista, Guillen hace su paso, en condición de exiliado, por varios países de Sur América, nutriendo sus ideas de algunas experiencias cooperativas y comunalistas que conoció en nuestro continente.
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Sus ideas influyeron en varias experiencias latinoamericanas. Por ejemplo, la guerrilla anarquista argentina "Resistencia Libertaria", que combatió la dictadura en los años 70's y 80's, reivindicaba la influencia del teórico español en su accionar como organización clandestina con trabajo político de base.
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Con vocación de periodista y habiéndose convertido en un reconocido experto en economía alternativa, Abraham Guillen muere en la capital de su país natal en 1933, dejándonos un inexplorado legado de interesantes ideas practicas que nos tientan a probar la plausibilidad del proyecto libertario.
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Esperamos que esta lectura aporte a la batalla de las ideas,
Saludos rebeldes.

La autogestión según Abraham Guillén
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Resulta paradójico que en una época de desencanto a consecuencia del hundimiento del “socialismo real” y del “fin de las utopías”, el advenimiento de un individualismo condicionado por el miedo social y la sed de consumir (y con ambas cosas reproduciéndose), la renuncia a superar la organización estatal de la sociedad y capitalista de la producción… los debates sobre la autogestión se limitan –al menos en Francia- a trabajos sociológicos e históricos, confinando esta práctica social a la categoría de objeto de estudio(1). Paradójico porque la autogestión ha supuesto desde siempre un conjunto de respuestas contemporáneas y de experimentaciones sociales(2) que siguen siendo un antídoto a la desesperación que nos ofrecen estos tiempos opresivos. Esta conclusión es aún más sorprendente cuando afecta a los partidarios de la autogestión generalizada, que son los libertarios, y que pusieron en marcha las colectivizaciones de la España republicana. Para ellos esta aspiración es una reivindicación histórica(3) y una práctica actual.
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Surge así la cuestión del ineludible esfuerzo por reactualizar la idea autogestionaria anarquista y sus necesarios debates. Sin duda, este renacer pasa por una primera reapropiación: la del trabajo realizado no hace tanto tiempo y que no ha contado con un eco significativo. Entre quienes han intentado profundizar en la autogestión libertaria y no han contado con nuestro suficiente reconocimiento –más que conociendo su nombre o sus ideas fuerza- hay que señalar al español Abraham Guillén(4).
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La lectura de una de sus obras consagrada a la economía –ha escrito unas cincuenta sobre temas muy diversos- es una forma de conocer sus concepciones de la autogestión. Sin perder nunca de vista su sentido político (“Así pues, sin autogestión no hay emancipación del pueblo por el pueblo mismo. Éste es un axioma político.”) hizo el esfuerzo de pensar la construcción libertaria y sus consecuencias, e incluso su enfrentamiento con el mercado capitalista, aunque sea siguiendo a veces caminos poco frecuentes para un anarquista. La última obra de este autor, que falleció en 1993, fue publicada en 1990(5) y puede ser una primera divulgación de sus tesis, bastante desconocidas más allá del mundo hispanohablante.
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Práctico y pluralista
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En este voluminoso trabajo, Abraham Guillén desmenuza con cuidado los mecanismos y las teorías económicas de su tiempo para mostrar sus mentiras desde el punto de vista de la justicia social y la igualdad. Sus observaciones no dejan nunca de señalar con el dedo a la economía capitalista pero también a la economía de Estado, enfrentando cada tipo de organización con sus propios límites o contradicciones, puesto que éstos se apoyan siempre en las injusticias y la aparición, según las distintas áreas económicas, de una clase capitalista o tecnoburocrática que se apropia de las plusvalías generadas por el mundo trabajador. Para liberarse de estos poderes y de la alienación de los productores por la mercancía (dinero, objeto), hay que asociar con pragmatismo el pensamiento crítico con “la praxis” autogestionaria: “En la “praxis” se revela la realidad económica, el reparto desigual de la riqueza según los grupos privilegiados, la división del trabajo entre dirigentes y dirigidos, la servidumbre del obrero en su trabajo enajenado al capital privado o de Estado.” (pp. 340-341). Pero no es cuestión de someterse a teorías económicas rígidas: “Hay que conocer las leyes objetivas de la ciencia económica sin divinizarlas, sin alienarse en ellas, y tomarlas como conceptos puros del entendimiento humano para justificar regímenes económicos anacrónicos […].” (p. 152).
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Con esta perspectiva abierta, afirma la necesidad de que la organización económica libertaria sea plural, como un medio y como un fin: “Debe haber plena libertad de ensayo económico (empresas mixtas, municipales, cooperativas, mutuales y autogestionarias) sin estalinismo, monopolios ni elitismo.” (p. 201). Como origen de desigualdades, Abraham Guillén insiste en la división del trabajo entre trabajadores manuales e intelectuales. El socialismo autogestionario libertario debe remediarlo radicalmente: “La participación creciente de los trabajadores en la gestión de sus empresas, siendo todos capaces de hacer todo, es la condición esencial del socialismo autogestionario. Sólo así todos participarían por igual en la gestión y la distribución del excedente económico, producto de un trabajo común y en igualdad de condiciones para todos […].” (p. 395).

En este sentido, la empresa autogestionada debe ser un lugar de formación permanente para, asociada a la gestión colectiva de los instrumentos de trabajo, permitir un acceso igual a los saberes con el fin de abolir la diferencia entre trabajadores manuales e intelectuales e impedir la reproducción de una nueva clase gestora que se apropie en el futuro del fruto del trabajo de los demás. Y advertía: “Si el socialismo autogestionario no fuera capaz de superar la vieja división del trabajo entre ejecución de la producción y dirección de la misma, no sería entonces posible la emancipación de los trabajadores […].” (p. 395).
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La trayectoria de este teórico de la autogestión le llevó a conocer, siendo muy joven, las colectivizaciones españolas, y más tarde el sector cooperativista de Perú, al tiempo que trabajaba como experto para Naciones Unidas. Sus estudios unidos a sus experiencias personales han alimentado su reflexión. Sin duda, esto le ayudó a concebir modos originales de organización autogestionaria. Por otra parte, a diferencia de los anarcosindicalistas, para quienes la organización sindical es la columna vertebral de la organización social o económica autogestionaria, hay que señalar que Guillén no atribuye ningún papel preponderante a los sindicatos.
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Parte de la idea de que la autogestión generalizada es también una investigación en la acción: “En los primeros tiempos de un nuevo régimen de democracia libertaria, de economía autogestionaria, habrá que tener muy en cuenta la prueba y el error, la experiencia histórica, para no ideologizar el saber, para no caer en dogmas más cerca de la metafísica que de la realidad cotidiana. En este orden de ideas experimentales, de verificación de programas y de resultados de planes, los autogestores tendrán que ser muy autocríticos, pensando que lo que ayer era positivo mañana puede ser negativo, ya que habría cambios cuantitativos, hacia delante o hacia atrás, lo cual determinaría cambios cualitativos.” (p. 285).
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La organización social y local
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Guillén describe una organización social bastante completa e incluso presenta algunas perspectivas: “En su calidad de autogestores, los trabajadores liberados de la dictadura del capital privado o de Estado, deben participar en la gestión de sus empresas y en el reparto del excedente económico obtenido en ellas por su trabajo asociado; participar en la toma de decisiones de la actividad económica de las empresas autogestionadas; definir la política económica de la empresa de propiedad social, a fin de que sea asegurado su continuo progreso económico, tecnológico, cultural, social, educativo e informativo; dirigirse los autogestores a los órganos del autogobierno empresarial con justas peticiones a las cuales éstos están obligados a responder practicando la democracia directa sin trámites burocráticos” (p. 390). “Los trabajadores de la empresa de propiedad social autogestionada deben tener acceso a sus decisiones fundamentales: cálculo de los gastos de producción; precios; plan de cuentas; informes periódicos; convenios y contratos de todo tipo; decidir sobre la elección de candidatos al consejo autogestor; votar el reglamento de derechos y deberes de los trabajadores; informarse sobre gastos y recursos; concertar créditos; vincularse con otras empresas y organismos; considerar el saldo de resultados económicos mensual, trimestral y anualmente; apercibirse de los planes económicos a corto, mediano y largo plazo.” (p. 391).
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El consejo obrero de la empresa autogestionada es “el Autopoder supremo de la empresa”, elegido democráticamente. Sus miembros son revocables y se eligen por dos años, no pudiéndoseles renovar hasta después de otros dos años más (p. 391). “El consejo autocrático de la sociedad anónima capitalista será sustituido por un Consejo Obrero Autogestor de Empresa; y la asamblea de accionistas, por la asamblea de productores directos, eligiendo, por voto directo y secreto, a sus consejeros autogestores rotatorios y renovables.” (p. 317).
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Aunque no se pronuncia sobre la cuestión del autogobierno municipal, Guillén defiende concepciones interesantes respecto de un tema actual, la “relocalización”: “Si los agricultores estuvieran agrupados en combinados agro-industriales autogestionados, incluyendo en su sistema la producción de elementos primarios, su transformación en productos industrializados y su distribución en el mercado, asociando así el capital agrícola, el industrial y el mercantil, sin falsos intermediarios, la producción llegaría al mercado con la menor diferencia posible entre el costo de producción y el precio de venta, para beneficiar, con precios baratos, a toda la sociedad, como hicieron en su mercado socialista libertario las colectividades anarquistas españolas durante la revolución de 1936-1939.” (p. 235). Adquieren valor los recursos locales: “Por ejemplo, en comunidades autogestionarias locales, integradas comarcalmente, de acuerdo con el entorno económico, ecológico y demográfico, se pueden crear complejos autogestionarios constituidos por la integración de la agricultura, la industria agro-alimentaria y de transformación de materias primas (agrícolas, animales, forestales, pesqueras), utilizando para ello fuentes de energía locales: biomasa, carbón mineral, vegetal o turba, energía solar, eólica, metano y alcohol de la biomasa, a fin de tener una empresa autosuficiente o, por lo menos, no tan dependiente de sus materias primas y fuentes de energía como la mercantilizada empresa capitalista, dependiente de la mercancía.” (p. 121).
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Autogestión y mercado
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Para este enemigo del fetichismo materialista mercantil, deben darse las leyes de cooperación entre colectividades al mismo tiempo que se establece un sistema de valores de cambio. Se trataría del valor trabajo y del valor de uso, por oposición al valor comercial que integra la plusvalía capitalista: “En el socialismo autogestionario (con democracia directa en los escalones de la comuna, el auto-gobierno regional y el co-gobierno federal) ningún grupo autogestor de trabajo cambiaría el trabajo de un año por el de seis meses, sino un valor de uso por otro valor de uso del mismo valor-trabajo, de modo que el cambio no produzca injusticia distributiva, creando así clases parasitarias, burocracias y Estado caro y malo. […] En cualquier producto del trabajo humano –independientemente del modo de producción histórico- hay un valor de cambio y un valor de uso, pero una sociedad autogestionaria se identifica con el valor de uso, desbordando el valor de cambio. Pues, para que cada uno aporte según su capacidad y reciba según su necesidad, fórmula de la distribución comunista, debe haber al menos cierta abundancia de bienes y servicios, una moral de consumo y un reparto equitativo, independientemente de las capacidades y las cualidades del trabajo individual para que haya igualdad económica entre los hombres, sin la cual no hay libertad.” (p. 123).
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La riqueza producida deberá ser superior a las necesidades de las empresas, creando así un capital social gestionado colectivamente con el fin de aumentar la productividad y liberando al trabajador de sus tareas, pero también permitiendo la investigación y el desarrollo, la educación, el ocio, la cultura, etc. El objetivo es, en definitiva, provocar un “decrecimiento de los precios” –gracias a un valor de cambio estable y no especulativo-, un “decrecimiento del tiempo de trabajo” –por la mejora técnica del rendimiento financiada por el aumento del “capital social”-.
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El autor anticapitalista evoca el mercado: “Con socialismo de autogestión, la planificación nacional es programática, indicativa, pues deja las decisiones básicas a las empresas autogestoras que saben lo que necesita el mercado socialista, en cantidad y calidad, en precios competitivos […]. El socialismo libertario no tiene necesidad de planificación centralizada, sino de un socialismo de mercado, de la competencia entre grupos colectivos de trabajo, de la democracia directa en las empresas por medio de los consejos autogestores.” (p. 135). Este concepto del mercado se usa aquí sin ambigüedades en cuanto a las intenciones: “[…] el único sistema socio-económico que puede hacer cumplir la ley del valor-trabajo en los intercambios, dentro de un mercado socialista (libre de mercachifles, de agiotistas monetarios y bursátiles, de capitalistas que consumen mucho y producen poco), es la economía autogestionaria (en las empresas, explotaciones agro-industriales, servicios, talleres y fábricas) y la democracia directa (en la política).” (p. 201).
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Las estrategias
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Y A. Guillén cambia el paso; considera y argumenta a favor de ¡una competencia entre la economía autogestionaria y las economías capitalistas o de Estado! Y desarrolla su idea: “Una economía autogestionaria debe ser competitiva, desafiante e imbatible en el mercado mundial; pero no sólo porque sus protagonistas auto-organizados hagan sacrificios económicos en el sentido de consumir poco e invertir mucho, sino más bien por ponerse a trabajar todos útilmente; reducir la burocracia al mínimo; elevar la fuerza de trabajo productivo al máximo; abolir las clases parasitarias e invertir inmediatamente sus rentas, que eran improductivas, en inversiones productivas; y no olvidar que la investigación científica y la educación generalizada son grandes fuerzas productivas para el desarrollo de la sociedad libertaria.” (p. 261). Rechaza la idea de que la revolución será simultáneamente en todo el mundo, pero muestra también que si este modelo de desarrollo no convence, tampoco habrá otras regiones del mundo que se unan a esta idea de abolir el capitalismo: “En consecuencia, si el crecimiento económico y el progreso tecnológico y cultural no son mayores con una economía autogestionaria que con una economía burguesa o burocrática, se estará en el reino de las ideologías, pero no de las realidades económicas. Pero si todo un pueblo autogestionario trabaja, investiga, consume prudentemente e invierte mucho para progresar más, si desaburguesa y desburocratiza la economía, competirá con ventaja en el mercado mundial y, a mediano plazo, se colocará a la vanguardia del progreso internacional, encarnando así el protagonismo de la historia universal.” (p. 261). Y el economista libertario no quiere mentir; afirma que el desarrollo autogestionado sería cuestionado en su vocación misma si no permitiera el acceso a un modo de vida envidiable en comparación con otras economías de mercado: “Queramos o no hay que ser desarrollistas en el buen sentido; pero no aumentar la producción por la producción misma; […] pues la humanidad no quiere perder fuerzas productivas, nivel de vida y bienestar adquiridos, cambiando de régimen.” (p. 394).
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Mientras, se plantean las cuestiones estratégicas con el fin de alcanzar una economía autogestionaria. El autor afirma la complementariedad entre el pensamiento y la acción: “Así pues, necesitamos una contracultura que saque al pueblo de su pasividad animal (doméstica) de consumo; unir el pensamiento y la acción para interpretar y transformar el mundo al mismo tiempo; pues el pensamiento por sí [mismo] nunca produce ningún cambio. Por eso, en ciertos momentos históricos, mejor que decir es hacer, uniendo el pensamiento y el acto en una “praxis” coherente; pues sólo así podrán los trabajadores transformar el capitalismo en socialismo libertario.” (p. 134). Paralelamente preconiza la constitución de “comités”, liberados del control de las élites de los partidos o sindicatos institucionalizados: “La estrategia básica consiste en romper el equilibrio del sistema institucionalizado, tanto por las burguesías como por las burocracias, a fin de provocar la ruptura violenta, la lucha de clases conducente a la Revolución.” (p. 340). Y en esas estamos hoy día.
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Si bien no escapa a ciertas imperfecciones líricas, cientificistas o economicistas que conviene tomar con precaución, Abraham Guillén nos ha legado, sobre todo, una serie de pensamientos y tomas de posición dignas de interés y capaces de enriquecer nuestras propias reflexiones sobre el camino hacia la autogestión libertaria. Hay que lamentar que este pensador de la autogestión sea tan poco conocido, y con él, su obra.
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Federación Anarquista - Grupo Gard Vaucluse (Francia). Extraído del semanario Le Monde libertaire, n° 1447, 21-27 de septiembre de 2006. Traducido por Luis B.
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NOTAS:
(1) “Habríamos dejado atrás, pues, la autogestión. Pero ciertas cuestiones que la autogestión ha planteado bien pudieran afectarnos en el presente.” Autogestion, la dernière utopie?, Éditions la Sorbonne, 2003, p. 9.
(2) Léase L’autogestion libertaire, Editions du Monde Libertaire, 2006.
(3) “Los instrumentos de trabajo, así como la tierra, serán propiedad de la comunidad, no pudiendo ser utilizados más que por los trabajadores, y éstos, agrupados en asociaciones industriales y agrícolas, serán remunerados según su trabajo.” Miguel Bakunin, Programa de la Alianza Internacional de la Democracia Socialista.
(4) Aunque Daniel Guérin permanece como una referencia, citemos sin embargo a Georges Gurvitch y Jean Bancal cuyos escritos o investigaciones sobre la autogestión libertaria son bastante poco accesibles.
(5) Se trata de Economía autogestionaria. Las bases del desarrollo económico de la sociedad libertaria, 504 páginas, editado por la Fundación Anselmo Lorenzo. No se citan aquí más que las ideas más significativas del autor (especificando entre paréntesis la página de donde se extraen y respetando las cursivas del original); la lectura del libro resulta pues imprescindible.

domingo, 16 de marzo de 2008

El lavado de cerebros en libertad es más eficaz que en las dictaduras

El siguiente es un extracto de la entrevista hecha por Daniel Mermet a Noam Chomsky para Le Monde Diplomatique a finales del año pasado. Chomsky habla de la influencia y la manipulación de los medios de comunicación sobre los pueblos, del estado de la democracia actual, del socialismo, la organización anarquista, y, en general de temas muy actuales teniendo en cuenta el contexto colombiano y latinoamericano.


El escritor Noam Chomsky de los EEUU habla de los mecanismos detrás de la comunicación moderna, un instrumento esencial de gobierno en los países democráticos, tan importantes para nuestros gobiernos como la propaganda es a una dictadura.

DM: Cada vez que se le pregunta a un periodista estrella o a un presentador de un gran noticiero televisivo si sufre de presiones, si le ha pasado que lo censuren, él contesta que es completamente libre, que expresa sus propias convicciones. ¿Cómo funciona el control del pensamiento en una sociedad democrática? En lo que respecta a las dictaduras lo sabemos.

Cuando se les pregunta a los periodistas, responden inmediatamente: "Nadie me ha presionado, yo escribo lo que quiero." Es cierto. Solamente, que si tomaran posiciones contrarias a la norma dominante, ya no escribirían sus editoriales. La regla no es absoluta, desde luego; a mí mismo me sucede que me publiquen en la prensa norteamericana, Estados Unidos no es un país totalitario tampoco. Pero cualquiera que no satisfaga ciertas exigencias mínimas no tiene oportunidad alguna de alcanzar el nivel de comentador con casa propia.

Es por otra parte una de las grandes diferencias entre el sistema de propaganda de un Estado totalitario y la manera de proceder en las sociedades democráticas. Exagerando un poco, en los países totalitarios, el Estado decide la línea que se debe seguir y luego todos deben ajustarse a esta. Las sociedades democráticas operan de otro modo. La "línea" jamás es enunciada como tal, se sobreentiende. Se procede, de alguna manera, al "lavado de cerebros en libertad". E incluso los debates "apasionados" en los grandes medios se sitúan en el marco de los parámetros implícitos consentidos, los cuales tienen en sus márgenes numerosos puntos de vista contrarios.

El sistema de control de las sociedades democráticas es muy eficaz; instila la línea directriz como el aire que respira. Uno ni se percata, y se imagina a veces estar frente a un debate particularmente vigoroso. En el fondo, es mucho más rendidor que los sistemas totalitarios.

Tomemos por ejemplo el caso de Alemania a comienzos de los años 30. Tenemos tendencia a olvidarlo, pero era entonces el país más avanzado de Europa, estaba a la cabeza en materia de arte, de ciencias, de técnicas, de literatura, de filosofía. Después, en muy poco tiempo hubo un retroceso completo, y Alemania se volvió el Estado más mortífero, el más bárbaro de la historia humana.

Todo aquello se realizó destilando temor: de los bolcheviques, de los judíos, de los norteamericanos, de los gitanos, en síntesis, de todos aquellos que, según los nazis, amenazaban el corazón de la civilización europea, es decir los "herederos directos de la civilización griega". En todo caso era lo que escribía el filósofo Martin Heidegger en 1935. Ahora bien, la mayoría de medios de comunicación alemanes que bombardearon a la población con mensajes de este género usaron las técnicas de marketing puestas a punto… por los publicistas norteamericanos.

No olvidemos cómo se impone siempre una ideología. Para dominar, la violencia no basta, se necesita una justificación de otra naturaleza. Así, cuando una persona ejerce su poder sobre otra -trátese de un dictador, un colono, un burócrata, un marido o un patrón-, requiere de una ideología que la justifique, siempre la misma: esta dominación se hace "por el bien" del dominado. En otras palabras, el poder se presenta siempre como altruista, desinteresado, generoso.
Cuando la violencia de Estado no basta

En los años 30, las reglas de la propaganda nazi consistían, por ejemplo, en escoger palabras simples, repetirlas sin descanso, y asociarlas a emociones, sentimientos, temores. Cuando Hitler invadió los Sudetes (en 1938), fue invocando los objetivos más nobles y caritativos, la necesidad de una "intervención humanitaria" para impedir la "limpieza étnica" sufrida por los germanófonos y para permitir que todos pudieran vivir bajo el "ala protectora" de Alemania, con el apoyo de la potencia de más avanzada del mundo en el campo de las artes y de la cultura.

En materia de propaganda, si de cierta manera nada ha cambiado desde Atenas, ha habido por lo menos cantidad de perfeccionamientos. Los instrumentos se han afinado mucho, en particular y paradojalmente en los países más libres del mundo: el Reino Unido y Estados Unidos. Es allí, y no en otro lado, donde la industria moderna de relaciones públicas, es decir la fábrica de la opinión, o la propaganda, nació en los años 1920.

Efectivamente, esos dos países habían progresado en materia de derechos democráticos (voto de las mujeres, libertad de expresión, etcétera) a tal punto que la aspiración a la libertad ya no podía ser contenida solo por la violencia del Estado. Viraron, pues, hacia las tecnologías de la "manufactura del consentimiento". La industria de las relaciones públicas produce, en sentido literal, consentimiento, aceptación, sumisión. Controla las ideas, los pensamientos, los espíritus. En relación al totalitarismo es un gran progreso: es mucho más agradable sufrir una publicidad que encontrarse en un cuarto de torturas.

En Estados Unidos la libertad de expresión está protegida hasta un grado que me parece desconocido en cualquier país del mundo. Es muy reciente. En los años 1960 la Corte Suprema alzó la barra muy alto en materia de respeto de la libertad de palabra, lo que expresaba, según mi opinión, un principio fundamental establecido desde el siglo XVIII por los valores de la Ilustración. La posición de la Corte fue que la palabra era libre, teniendo por única limitación la participación en un acto criminal. Si, por ejemplo, cuando entro a una tienda para desvalijarla, uno de mis cómplices tiene un arma y yo le digo "¡Dispara!", ese fin no está protegido por la Constitución. Por lo demás, el motivo debe ser particularmente grave para que se cuestione la libertad de expresión. La Corte Suprema reafirmó este principio a favor del Ku Klux Klan.

En Francia, en el Reino Unido y me parece que en el resto de Europa, la libertad de expresión es definida de manera más restrictiva. Para mí, la cuestión esencial es: ¿el Estado tiene el derecho de determinar lo que es la verdad histórica y el de penar a quien se aparta de ella? Pensar en ello termina ajustándose a una práctica propiamente estalinista.

A los intelectuales franceses les cuesta admitir que esa es su inclinación. Sin embargo, en el rechazo de una aproximación así no deben haber excepciones. El Estado no debería tener medio alguno de castigar a cualquiera que pretendiese que el sol gira alrededor de la Tierra. El principio de la libertad de expresión tiene algo muy elemental: o se le defiende en el caso de opiniones que se detesta, o no se le defiende para nada. Incluso Hitler y Stalin admitían la libertad de expresión de los que compartían su punto de vista…

Yo agrego que hay algo preocupante e incluso escandaloso en discutir estos temas dos siglos después de Voltaire, quien, como se sabe, declaraba: "Yo defendería mis opiniones hasta la muerte, pero daría mi vida para que ustedes pudieran defender las suyas." Adoptar una de las doctrinas fundamentales de sus verdugos, es hacerle un triste favor a la memoria de las víctimas del holocausto.

DM: En uno de sus libros, usted comentaba la frase de Milton Friedman: "Producir ganancias es la esencia misma de la democracia"…

A decir verdad, las dos cosas son de tal modo contrarias que ni siquiera hay comentario posible… La finalidad de la democracia es que la gente pueda decidir su propia vida y hacer las elecciones políticas que le atañen. La realización de ganancias es una patología de nuestras sociedades, adosada a estructuras particulares. En una sociedad decente, ética, esta preocupación por la ganancia sería marginal. Tomemos mi departamento universitario (en el Instituto Técnico de Massachussets MIT): algunos científicos trabajan duro para ganar mucho dinero, pero se les considera un poco como marginales, gente perturbada, casi casos patológicos. El espíritu que anima a la comunidad académica es más bien el de tratar de hacer descubrimientos por interés intelectual pero también para el bienestar de todos.

DM: En la obra que se le dedica en las Éditions de L'Herne, Jean Ziegler escribe: "Ha habido tres totalitarismos: el totalitarismo estaliniano, nazi y ahora es Tina (iniciales de There is no alternative, no hay alternativa), propuesto por Margaret Thatcher planteando el carácter ineluctable del capitalismo neoliberal, que no es otra cosa que un posible forma de globalización). ¿Compararía usted esos tres totalitarismos?

Yo no los pondría en el mismo plano. Enfrentarse contra "Tina" es afrontar una empresa intelectual que no se puede asimilar a los campos de concentración ni al gulag. Y, de hecho, la política de Estados Unidos suscita una oposición masiva a escala planetaria. Argentina y Venezuela han expulsado al Fondo Monetario Internacional (FMI). Estados Unidos debió renunciar a lo que era la norma todavía hace veinte o treinta años: el golpe militar en América Latina. El programa económico neoliberal que se ha impuesto a la fuerza a toda América Latina en los años 1980 y 1990, hoy día es rechazado en el conjunto del continente. Se encuentra esta misma oposición contra la globalización económica a escala mundial.

El movimiento por la justicia, que está bajo los fuegos de los proyectores mediáticos durante cada Forum Social Mundial, trabaja en realidad todo el año. Es un fenómeno muy nuevo en la historia, que marca quizás el comienzo de una verdadera Internacional. Su principal caballo de batalla está en la existencia de una solución alternativa. Por otro lado, ¿qué mejor ejemplo de globalización diferente que el Forum Social Mundial? Los medios hostiles llaman a los que se oponen a la globalización neoliberal los "antimundialistas", cuando en realidad ellos combaten por otra globalización, la globalización de los pueblos.

Se puede observar el contraste entre unos y otros porque en el mismo momento, tiene lugar en Davos, el Forum Económico Mundial, que trabaja para la integración económica planetaria, pero en el único interés de los financistas, de los bancos y de los fondos de pensión. Potencias que controlan también los medios de comunicación. Es su concepción de la integración global, pero al servicio de los inversores. Los medios dominantes consideran que esta integración es la única que merece, de algún modo, la denominación oficial de globalización.

He aquí un buen ejemplo del funcionamiento de la propaganda ideológica en las sociedades democráticas. Es eficaz hasta tal punto que incluso los participantes en el Forum Social Mundial aceptan a veces el calificativo malintencionado de "antimundialistas" (o "antiglobalistas"). En Porto Alegre, intervine en el marco del Forum, y participé en la Conferencia Mundial de los Campesinos. Ellos solos representan la mayoría de la población del planeta…

DM: A usted se le ubica en la categoría de los anarquistas o de los socialistas libertarios. En la democracia tal como usted la concibe, ¿cuál sería el lugar del Estado?

Vivimos en este mundo, no en un universo imaginario. En este mundo existen instituciones tiránicas, esas son las grandes empresas. Es lo que hay más cercano a las instituciones totalitarias. Estas no tienen, por decirlo así que rendirle cuentas al público, a la sociedad; actúan a la manera de depredadoras cuyas presas serían otras empresas. Para defenderse de ellas, las poblaciones sólo tienen un instrumento: el Estado. Ahora bien, este no es un escudo muy eficaz, pues, en general, está estrechamente ligado a los depredadores. Con una diferencia no desdeñable: mientras que, por ejemplo, General Electric no tiene que rendir cuentas, el Estado debe a veces explicarse ante la población.

Cuando la democracia se haya ensanchado al punto que los ciudadanos controlen los medios de producción y de intercambio, participen en el funcionamiento y en la dirección del marco general en el cual viven, entonces el Estado podría desaparecer poco a poco. Será reemplazado por asociaciones voluntarias situadas en los lugares de trabajo y donde vive la gente.

DM:¿Los soviets?
Eran los soviets. Pero la primera cosa que Lenin y Trotski destruyeron inmediatamente después de la revolución de Octubre, fueron los soviets, los consejos obreros y todas las instituciones democráticas. Lenin y Trotski a este respecto fueron los peores enemigos del socialismo en el siglo XX. En tanto que marxistas ortodoxos, estimaron que una sociedad retardataria como la Rusia de su época no podía pasar directamente al socialismo antes de ser precipitada a la fuerza en la industrialización.

En 1989, al momento del hundimiento del sistema comunista, yo pensé que este hundimiento, paradójicamente, representaba una victoria par el socialismo. Pues el socialismo tal como yo lo concibo, o por lo menos lo respeto, implica el control democrático de la producción, de los intercambios y de las otras dimensiones de la existencia humana.

De todas maneras, los dos principales sistemas de propaganda se han puesto de acuerdo para decir que el sistema tiránico instituido por Lenin y Trotski, después transformado en monstruosidad política por Stalin, era el "socialismo". Los dirigentes occidentales no podían sino estar encantados por este uso absurdo y escandaloso del término que les ha permitido durante décadas difamar el socialismo auténtico.

Con idéntico entusiasmo, pero de sentido contrario, el sistema de propaganda soviético ha intentado explotar en su provecho la simpatía y el compromiso que suscitaban para muchos trabajadores los ideales socialistas auténticos.

DM: ¿No es cierto que todas las formas de autoorganización según los principios anarquistas han terminado hundiéndose?

No hay "principios anarquistas" fijos, una suerte de catecismo libertario al se le debería prestar fidelidad. El anarquismo, por lo menos como yo lo entiendo, es un movimiento del pensamiento y de la acción humanas que busca identificar las estructuras de autoridad y de dominación, pedirles que se justifiquen y, dado que son incapaces, lo que sucede con frecuencia, intentar superarlas.

Lejos de haberse "hundido" el anarquismo, el pensamiento libertario, está floreciendo. Está en la fuente de numerosos progresos reales. Formas de opresión y de injusticia que casi no se reconocían, y menos aun combatían, ya no se admiten. Es un logro, un avance para el conjunto del género humano, no un fracaso.
Publicado en Le Monde Diplomatique - Agosto 2007